miércoles, 14 de febrero de 2007

Llegas a un sitio donde no conoces el idioma, ¿que haces?


Cuando yo llegué a Paris por primera vez en los años 80, no conocía para nada el francés. Sabía cuatro palabras mal dichas, pero no entendía nada de lo que me hablaban. Esto lo puede comprobar en el tren en cuanto entramos en Francia, pues a mi lado se puso un francés y no conseguí entenderme con él.

Yo iba para trabajar en una confitería, pues un primo mío llevaba unos 15 años en París, y escribió a mi padre que había trabajo y que podía ganar más dinero que en España, y que si me gustaba París, me podía quedar allí, ya que en España la vida no era naada facil. Así que decidí ir a Paris porque no tenía demasiadas opciones. Y allí fui con mi maleta y poco más.

Como era un muchacho y bien parecido me pusieron en la confitería a despachar pasteles al lado de mi primo, y yo estaba encantado porque la gente francesa era muy amable conmigo. Mi primo me tenía cariño y quería que yo aprendiese el oficio de oficial de pastelería lo antes posible porque él quería montar una en un barrio obrero de París.

Lo malo de toda esta película fue que yo cuando me dejaba sólo mi primo, no entendía nada de francés, me ponía nervioso y todos los encargos los hacía mal, así que el jefe, que se llamaba Pierre, decidió quitarme del mostrador y pasarme a la sección de paquetería donde hacíamos los pedidos de los pasteles a las casas.

No me quedó más remedio que apuntarme a una academía francesa, escuchar la radio a todas horas, y pedir a mi primo que me ayudara con su mal francés a ir entendiendo lo más imprescindible. Así a la vuelta de tres meses mejoré un poco mi francés y como era un muchacho simpático y charlatán el jefe me devolvió al mostrador, al lado de mi primo. Allí entre los dos vendimos muchos cientos de pasteles a los franceses de París.

Ahora me rio y todo me parece simpático, pero pasé unas semanas muy "jodidas" por no saber nada de francés.

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