
Yo empecé a contar historias cuando tenía diez años. Y mi primera historia, la recuerdo muy bien, fue sobre los perros de los policias de Nueva York. El profesor nos había dicho que todo lo que le pareciera aprovechable para escribir lo subrayaría en rojo, y así fue, a mi me subrayó unas cuantas frases, y eso es lo que recuerdo de mi primer trabajo de escritor.
Tengo que decir que escribir siempre me ha gustado, y meterme en los personajes de verdad o ficticio ha sido una de mis mayores aficiones, y donde mejor me la paso a la hora de distraerme. Puedo hacer de perro que pasea por una gran ciudad, también de pájaro que recorre grandes distancias, o de zapatilla que entra en los lugares más raros y dispares de mi ciudad.
Lo que más me cuesta realizar es el escenario donde se van a desarrollar los hechos. Siempre me asaltan las dudas si será mejor una gran ciudad, o un pueblo o una familia, o el colegio de niños, y hay veces que la búsqueda de un escenario adecuado me lleva mucho tiempo. Pero así es la vida de un escritor con minúscula.
Con los protagonistas no tengo problema, porque en esta ciudad grande donde yo vivo, los protagonistas salen hasta debajo de los baldosines. Tengo protagonistas que son niños, hombres, mujeres, gansters, un gato, un ratón, o un perro maravilloso que siempre encuentra a su amo cuando se pierde.
Mi personaje preferido son unos zapatos estupendos que se conocen la ciudad donde vivo muy bien porque siempre me acompañan a todas partes. Un día pienso escribir todo lo que ven, y las cosas que me cuentan. Lo digo totalmente en serio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario