
Mi reloj y yo nos hemos hecho amigos desde el primer día que nos conocimos. Me cayó bien porque es un reloj sencillo, pero atractivo. Y lo que más me gusta de él, es que es silencioso, educado, y me da siempre que se lo pido la hora justa. Nunca se altera, con su silencio y su trabajo me ayuda a medir el tiempo y a aprovecharlo muy bien.
Cuando le miro siempre me duelve la sonrisa de unos números y de unas agujas que no se cansan de hacer su labor, jamás lo he pillado enfadado o sin ganas, siempre está ahí haciendo su trabajo y midiendo el tiempo. Noto como algunas veces me pide que le eche una mirada, para que aproveche el tiempo y no me pierda en divagaciones.
Hemos vivido muchas historias juntos, pero como se me ha hecho tarde, mañana te contaré una...
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